Centenario corona de María Santísima de los Dolores


El 9 de abril de 2025, se conmemora el centenario de la corona de María Santísima de los Dolores, estrenada en la noche del 9 de abril de 1925, Jueves Santo.

En 1924, la Junta de Gobierno de la entonces Hermandad de Jesús de las Cadenas y María Santísima de los Dolores se reunió con el fin de “tratar sobre la adquisición de una corona para la Santísima Virgen”. Don Pedro Garrido Perelló, Hermano Mayor de la corporación, propuso que la obra fuera encargada al orfebre sevillano Manuel Seco Imberg, quien ejecutó los varales del palio de María Santísima.

Según consta en el acta de dicho cabildo, la corona se realizaría en “plata Rull sobredorada en primera calidad”, con un coste total de 2.000 pesetas.

Un año más tarde, en la Semana Santa de 1925, la Santísima Virgen estrenó la nueva corona durante su salida procesional del Jueves Santo. La pieza fue diseñada por Lecaroz y ejecutada por el mencionado Manuel Seco Imberg junto a su hijo, Manuel Seco-Velasco, quien concluyó la obra y la entregó a la Hermandad el Miércoles Santo de ese año, tras el repentino fallecimiento de su padre el Sábado de Pasión.

Manuel Seco-Velasco pertenecía a la tercera generación de una prestigiosa saga de orfebres que tuvo su origen en Manuel Seco Alcoba, continuada por su padre y su tío, Manuel Seco Imberg y Eduardo Seco Imberg, respectivamente. Esta dinastía comenzó a destacar en la Sevilla de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, en un momento de renacer de la orfebrería debido al auge de encargos procedentes de las cofradías hispalenses.

Junto a nombres como Cayetano González, Villarreal, García Armenta o los hermanos Marmolejo, la familia Seco se consolidó como uno de los principales referentes del arte sacro en la ciudad.

El linaje de los Seco mantuvo una estrecha relación con la Catedral de Sevilla, donde varios de sus miembros ostentaron el título de Maestro Platero de la Fábrica. Desde allí perpetuaron técnicas, iconografías y códigos ornamentales propios de los grandes maestros de la platería sevillana de los llamados siglos de oro. En torno a su taller se formaron importantes discípulos como Villarreal, Juan Borrero o José Zabala, confirmando su relevancia como uno de los focos creativos más influyentes de la orfebrería sevillana del siglo XX.

El encargo de la corona se enmarca en una de las etapas más fructíferas de la Hermandad, que apostaba decididamente por recurrir a los mejores y más reputados artistas del momento, posiblemente bajo la influencia del genial Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Este mostró siempre un especial interés por engrandecer el ajuar de la Dolorosa, procurando que sus enseres fueran rematados con piezas de excepcional calidad artística.

Desde su estreno, la corona se convirtió en la insignia más representativa que porta la Santísima Virgen cada Jueves Santo, otorgándole una impronta que perdura hasta nuestros días. No solo vino a enriquecer el entonces modesto ajuar de la Dolorosa, sino que adquirió un valor simbólico e iconográfico que la Hermandad sigue conservando con especial ímpetu.

La corona está realizada en plata sobredorada mediante la técnica de fundición, posteriormente enriquecida con un minucioso trabajo de cincelado, acorde a los cánones del estilo neobarroco. Su estructura destaca por una composición rigurosamente simétrica y equilibrada, con una rica y elaborada decoración ornamental.

El cuerpo de la corona se articula en una canastilla calada de planta octogonal, dividida en ocho secciones profusamente decoradas con motivos vegetales y roleos, propios del repertorio ornamental del barroco tardío. Cada vértice de las ocho secciones se corona con un pequeño flamerón, dispuesto de forma alterna con ocho imperiales que elevan visualmente la canastilla.

Sobre los imperiales descansa el orbe, símbolo tradicional del dominio universal de Cristo, que actúa como eje de conexión con la ráfaga superior. Esta última, de traza mixtilínea, se compone de dos segmentos que surgen desde los vértices de la canastilla y de forma ascendente modifica su curvatura, generando un efecto visual de verticalidad. La ráfaga presenta una disposición peraltada poco común, lo que confiere a la pieza una personalidad singular frente a las coronas de perfil circular más tradicionales.

Como dato curioso, podemos apreciar similitud con la corona de la Santísima Virgen de la Amargura, dolorosa sevillana cuya corona también fue diseñada por Lecaroz y ejecutada por Imberg, con la diferencia que la estrenaba tres años antes que la Dolorosa onubense.

A lo largo de su historia centenaria, la presea ha sido objeto de dos restauraciones que han contribuido a su excelente estado de conservación actual. En 2017, el taller de Orfebrería San Juan acometió la rectificación estructural de todos los elementos que componen la ráfaga, el canasto y los imperiales, así como del puente, además de aplicar un nuevo baño de oro que revitalizó su apariencia. Posteriormente, en 2022, el orfebre Juan Antonio Borrero, del taller de Orfebrería Triana, llevó a cabo una nueva intervención centrada en la reposición de piezas perdidas.

La corona de María Santísima de los Dolores constituye una pieza de notable valor histórico, artístico y patrimonial, representativa de la producción orfebre sevillana del primer tercio del siglo XX. Su realización por parte del taller de los Seco, en colaboración con destacados diseñadores del momento, da cuenta de un proceso de encargo cuidadosamente articulado y ejecutado bajo criterios de excelencia técnica y estilística.

La obra, enmarcada en el contexto de renovación estética de las hermandades sevillanas, destaca por la precisión en su cincelado, la equilibrada composición estilizada verticalmente y la perfecta integración con el resto del conjunto procesional.

Tras cien años, esta espléndida joya, que tuvieron a bien encargar nuestros hermanos predecesores, se mantiene como un referente en la orfebrería procesional onubense, consolidándose como uno de los ejemplos más significativos de la evolución del arte sacro andaluz durante el siglo XX.