Historia de la Hermandad  
 
Segundo Dolor de María Santísima - La huida a Egipto

 

     II. FUNDACIÓN DE LA VENERABLE ORDEN TERCERA DE SIERVOS DE MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES EN HUELVA.

     La devoción a los Dolores de Ntra. Sra. estuvo ya muy presente en la Huelva del XVII y XVIII, hecho que llevó a los padres mercedarios a comenzar las gestiones oportunas para fundar una V.O.T. de Siervos de María, y aunque no tenemos las fechas exactas en que se realizan estas peticiones, sí podemos decir que el 15 de Diciembre de 1771 en el Convento de S. Marcelo de Roma se firmaba, por parte de R.P.M. y Prior General Fr. Francisco Raymundo Adami, la licencia para poder constituir dicha Congregación.


     Asimismo, junto con la patente fundacional, anexa todas las gracias, privilegios e indulgencias que, de ahora en adelante, esta Congregación poseerá.


     Tras la aprobación por parte del Prior General, es el 20 de Junio de 1772 cuando el Cardenal Arzobispo de Sevilla ratifica ésta y aprueba las Reglas y Constituciones que de ahora en adelante marcarán la vida interna de esta Confraternidad.


     Sólo dieciocho días después de este último hecho, el 8 de Julio de 1772, se obtiene carta de agregación a la Archi-Cofradía de Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, con la consiguiente obtención de los numerosos privilegios, gracias, indulgencias, facultades e indultos que ésta goza. Paralela a esta agregación, se gesta la fusión con la Esclavitud de Ntra. Sra. de La Merced, congregación fundada en 1754 y con sede canónica en el mismo convento, para pasar a formar una sola Corporación donde sus Hermanos se alisten bajo la Bandera de los Dolores y Mercedes.


     Esta agregación y fusión podemos calificarla de más que comprensible, si nos paramos a pensar que la fundación de la primitiva congregación fue iniciativa de los descalzos y es razonable que incluyesen en ella las devociones propias de su Orden. Como anécdota, en el sello de la época que la Corporación usa en sus documentos, la Confraternidad aparece titulada como: “Venerable Orden Tercera de Dolores de la Merced de la villa de Huelva”, advocación popular que nuestra amada Titular a día de hoy aún conserva.


     Destacar también la tremenda devoción que el pueblo comenzó a sentir por la Dolorosa de la Capilla Mercedaria, dando fe de ello las mandas y fundaciones que se hicieron en su honor, donaciones para el aderezo de la capilla y ella misma, numerosas peticiones de ser amortajado con el hábito de la Confraternidad, y la más significativa: la existencia de un exvoto, único en la ciudad, donde se narra un milagro de la Stma. Virgen: “Calo DN Bernardo Basconcelos con una grave enfermedad y desahuciado de los médicos se encd. a la Virgen de los Dolores i a Sn. Franc. de Paula i quedó bien. Año 1775”. Estaba situado junto al altar de tan devota imagen, fechado en 1775, y narraba la intercesión que Nuestra Amada Titular tuvo en la milagrosa curación del concejal del Cabildo de la Villa, Bernardo Basconcelos.


     Este hecho sirvió, sin duda, para la propagación, aún más si cabe, de la devoción por toda la Villa. Hoy en día, este singular hecho se recuerda en el cuerpo de acólitos ceroferarios que en número de ocho acompaña a Nuestra Bendita Titular por las calles de Huelva.


     Otro hecho importante que en este período tiene lugar es la primera salida procesional de María Stma. de los Dolores en Semana Santa, lo que se traduce en la obtención del carácter penitencial, al pasar a formar parte de la nómina de hermandades que realiza estación de penitencia durante la Semana de Pasión en Huelva.


     Se llevó a cabo esta primera salida el Domingo de Ramos de 1792, haciendo estación en las Parroquias de la Mayor de San Pedro y en la de la Inmaculada Concepción, usando para ello sus cofrades el hábito propio de la Orden, al que se añadiría antifaz y cola, quedando éste compuesto de túnica de cola, escapulario, donde se inserta el corazón con los siete puñales, y antifaz, todo ello realizado en lanilla negra, ciñendo así mismo correa agustina y pudiéndose calzar sandalias franciscanas.


     La obtención del carácter Penitencial, las inquietudes espirituales de sus congregantes, así como diferentes avatares históricos, tendrían como resultado la incorporación de Nuestro Señor Jesucristo como Titular de la Corporación. Para ello los hermanos ponen sus miras en el Cristo de las Cadenas, de autor anónimo gaditano-genovés, traída de la ciudad hermana de Cádiz por los Padres Mercedarios, imagen de gran devoción que atesoraba la Corporación desde su fusión con la Esclavitud de Ntra. Sra. de la Merced y que, de aquí en adelante, se convertiría en el titular Cristífero de la Congregación, hecho que tendrá lugar en la siguiente centuria.

 

     

Siguiente >>