En el panorama de la vida religiosa y en particular
de las órdenes mendicantes, la Orden de los frailes Siervos de
Santa María, se caracteriza por un sentido fuerte de comunión
fraternal, espíritu de servicio, una constante referencia a la
bienaventurada Virgen, gloriosa Señora de sus Siervos y la continua
tensión a la conversión.
SERVICIO
El Servicio es un elemento esencial del carisma de la Orden. Este espíritu
de Servicio tiene sus profundas raíces en las Sagradas Escrituras.
En su ideal de servicio, los Siervos de María se inspiran antes
que nada al ejemplo de Cristo, que se encarna en la figura del “Siervo
del Señor” (cf. Is 42, 1-7; 49, 1-9; 50, 4-11; 52, 13-53,
12), que vino “ para servir y dar la propia vida en rescate de
todos” (Mc 10, 45) y esta en medio de sus discípulos “como
aquel que sirve” (Lc 22, 27; cf. Jn 13, 3-17). Después
en la humilde actitud de la bienaventurada Virgen que, llamada por Dios
a colaborar en el proyecto salvador de la encarnación del Verbo,
se declaró: “Sierva del Señor” (Lc 1, 38).
Para los Siervos el “ámbito del servicio es muy amplio:
Dios, la Virgen, la Iglesia, el hombre, los frailes de la propia comunidad.
El Servicio es la participación a las aspiraciones e inquietudes
del hombre, la promoción de genuinas formas de vida cristiana;
-servicio como la hospitalidad y acoger a los hermanos, especialmente
los más humildes, la asistencia a los ancianos, a los enfermos,
y a las personas necesitadas;
-servicio son también las múltiples formas de compromiso
apostólico, en particular el misionero;
-servicio finalmente es: el estudio, el ejercicio de la autoridad, el
compromiso de tener con todas las criaturas “solo relaciones de
paz, de misericordia, de justicia y amor constructivo.”
INSPIRACIÓN MARIANA
La dedicación total a la bienaventurada Virgen, “especial
refugio, madre singular y propia Señora” de los Siervos
es otro de los elementos esenciales de la vida de la Orden de los Siervos
de Santa María. Esta dedicación tiene sus raíces
en el hecho mismo realizado por nuestros primeros Padres Fundadores
al inicio de su camino espiritual: ellos “temiendo su imperfección,
pensaron rectamente ponerse humildemente ellos mismos y sus corazones,
con toda devoción, a los pies de la Reina del cielo, la gloriosísima
Virgen María, para que ella, como mediadora y abogada, los reconciliara
y los recomendara a su Hijo, y supliendo con su caridad plena a su imperfección,
intercediera para ellos la fecundidad de méritos. Por eso poniéndose
con honor de Dios al servicio de la Virgen Madre suya, quisieron desde
entonces ser llamados “Siervos de Santa María”.
La Orden en efecto, siempre ha estado convencida de una particular presencia
de Santa María en su vida: en la hora difícil de los orígenes,
a lo largo de los siglos, en el tiempo actual.
Ya en la época de los Siete Santos Padres y de San Felipe Benicio,
los Siervos tuvieron clara conciencia que en el origen de la Orden estaba
la figura materna y misericordiosa de Santa María, la Novella
plantario, como el papa Inocencio IV, con una imagen de ascendencia
bíblica (cf. Is 61, 3; Sal 143, 12), llama a la Orden en la bula
Ut religionis vestrae del 1 de agosto de 1254. Sin duda se convirtió
en la mente de los frailes la plantatio Virginia, como la viña
plantada por la Virgen y por ella custodiada y defendida.
A lo largo de los siglos, la Orden ha sentido siempre cerca la bienaventurada
Virgen, que la veneraba con devoto servicio como Mujer del anuncio gozoso,
de la misericordia real y de la compasión salvadora. La ha sentido
cerca sobre todo en los momentos en el cual, los acontecimientos de
varia naturaleza, habían amenazado la extinción y se corría
el peligro de desaparecer parte de su patrimonio espiritual. En esos
momentos la conciencia de ser la “religio Dominae nostrae”
constituyó para la Orden un motivo de esperanza y una fuerza
especial para la renovación de su compromiso evangélico.
En las Constituciones (normas internas) de la Orden del 1987 y en algunos
textos propios de la Familia de los Siervos todo el misterio de la Virgen
es propuesta a los Siervos para la contemplación y al obsequio,
pero según la secular tradición de la Orden, algunos aspectos
son puestos en relieve:
-La Encarnación del Verbo, acontecimiento en el cual los Siervos
contemplan llenos de veneración la Santísima Virgen de
la Anunciación, la mujer del “fiat” (cf. Lc, 1, 38),
humilde y llena de fe: y de ella aprenden “a acoger la Palabra
de Dios y a estar atentos a las indicaciones del Espíritu;
-La asociación de la Madre a la pasión salvadora del Hijo
(cf. Lc 2, 34-35; Jn 19, 25-27), que determina la particular piedad
de los Siervos hacia la Virgen de los Dolores;
-La maternal intercesión de la Virgen, Reina y Madre de Misericordia,
a la cual los Siervos confiados se abandonan y a cuya misericordia se
proponen prolongar en su vida;
-Su glorificación al cielo junto al Hijo, por el cual ella resplandece
como la Gloriosa Señora, a la cual los Siervos ofrecen su devoto
servicio y bajo cuyo patrocinio se refugian.
FRATERNIDAD
En el texto de las Constituciones de los Siervos es clara la importancia
de la comunión fraterna para la vida. La oración de Jesús
al Padre para sus discípulos fueran una sola cosa como Él
y el Padre son una sola cosa (cf. Jn 17, 11), el testimonio de la primitiva
comunidad cristiana en el cual “la multitud de los que habían
venido a la fe, tenían un solo corazón y una alma sola”
(Hch 4, 32), el precepto de san Agustín que los frailes vivan
“unánimes en la casa” y tengan “todo en común”
entre ellos y finalmente el ejemplo de los Siete Santos Fundadores transmitido
por el gran documento antiguo “Legenda de origine Ordinis”
hacen que la comunión fraterna sea elemento esencial de la vida
de los Siervos de María. Sin este elemento no serían siervos
de Santa María.
La comunión fraterna caracteriza el modo de testimoniar el Evangelio;
-informa nuestro estilo de vida, nuestro trabajo y nuestra oración;
determina la forma de gobierno de la Orden y da una peculiar huella
a nuestro servicio apostólico;
-es el ámbito en el cual realizamos nuestro testimonio de pobreza
evangélica y en el cual vivimos nuestro compromiso de obediencia
a la Palabra de Dios y a las decisiones comunitarias;
-en ésta reconocemos una fuente de amistad y una salvaguardia
de nuestra consagración al Señor en la castidad por el
Reino;
-la comunión fraterna finalmente es el clima indispensable de
la formación auténtica del Siervo de María y para
su desarrollo integral de su personalidad.
MISERICORDIA
La conversión.
En la Iconografía de los Siervos, a menudo se encuentra la imagen
de la Madre de la Misericordia que acoge a sus siervos y los protege
de todo mal físico y espiritual, implorando gracias y misericordia
de su Hijo; pero también a menudo se reconoce en esta piedad
de los Siervos el camino que Dios llama constantemente la conversión,
entendida como el constante dirigirse a Dios y el cotidiano progreso
en el camino trazado por el Evangelio, es una componente característica
de la espiritualidad de los Siervos. Esa tiene su raíz en la
gran amonestación de Jesús, dirigido a quienquiera ser
su discípulo: “Conviértanse y crean en el Evangelio”
(Mc 1, 15) e implica una “orientación radical y constante
de la comunidad y de los individuos hacia la novedad de Cristo”.
Para los Siervos de cada tiempo el dejar todo y las opciones realizadas
por los Siete Santos Fundadores cuando se reunieron para seguir a Cristo
y su Evangelio, constituyen un ejemplo convincente de la “Conversio
Morum”
La Conversio morum exige en efecto, un estilo de vida austero, sobrio,
penitente “de modo que para cada uno de nosotros se haga realidad
la palabra del apóstol: ‘Los que son de Cristo Jesús
han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si por lo tanto
vivimos del Espíritu, caminemos también según el
Espíritu’ (Gal 5, 24-25).
María en el misterio de la Redención: la
Virgen Dolorosa.
Para los Siervos de Santa María la devoción a la Virgen
de los Dolores se vincula al simbolismo del hábito negro, en
el cual los hagiógrafos del siglo XIV reconocían un signo
de la humildad de la Virgen y las penas sufridas en la pasión
de su Hijo. La respuesta de san Felipe a dos frailes dominicos que le
preguntaban sobre la Orden al cual pertenecía, y la visión
mariana que según el autor de la Legenda de origine Ordinis,
tuvo san Pedro Mártir ponen el hábito de los Siervos en
relación con el misterio del dolor de Nuestra Señora:
“hábito de la viudez” de la Virgen, lo llama san
Felipe; hábito que significa “el dolor que ella sufrió
en la dolorosísima pasión del Hijo suyo”, precisa
el autor de la Legenda de origine Ordinis.
Se trata de testimonios de la primera mitad del siglo XIV, que son objeto
de creciente interés por parte de los historiadores de la Orden.
En esos testimonios se puede reconocer el germen de aquella morosa atención
hacia el misterio de la Virgen Dolorosa, que se desarrollará
en los siglos sucesivos y constituirá uno de los elementos característicos
de la espiritualidad de la Orden.
En efecto, el culto particular hacia la Virgen de los Dolores se expresa
con devociones como la Corona de la Dolorosa, el Via Matris, y con una
Misa votiva de los Siete Dolores que fue concedida para los frailes
de la Orden el 9 de junio de 1668. En los siglos XVII-XIX encontramos
un hecho importante en el desarrollo de la devoción dentro de
la Orden: el 9 de agosto de 1692 la Virgen de los Dolores fue declarada
titular y patrona de la Orden; punto de un largo proceso en el cual
varias expresiones de piedad por parte de la Orden Seglar se dirigían
hacia la Virgen Dolorosa –sea litúrgicas como populares-
habían surgido y se había solidificado; pero también
fue estímulo y punto de partida para la creación de otros
ejercicios piadosos en honor de la Reina de los Mártires.
En las Constituciones (normas) de la Orden se encuentra un gran Epílogo
que sintetiza la figura de la Madre de Dios en el misterio del la Redención
y sus Siervos: “En este compromiso de servicio, la figura de María
a los pies de la Cruz sea nuestra imagen conductora. Ya que el Hijo
del hombre todavía esta crucificado en sus hermanos, nosotros,
Siervos de la Madre, queremos estar como Ella a los pies de las infinitas
cruces, para llevar consuelo y cooperación redentora”.
Fuente: Orden de los Siervos de María. siervosdemaria.com